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domingo, 22 de noviembre de 2009

URUGUAY: Los policías de a pie arriesgan su vida todos los días para combatir una delincuencia que los supera en armamento y que conoce sus límites. Desprotegidos, mal dormidos y mal pagos, cumplen su deber como pueden.

En la línea de fuego
Los policías de a pie arriesgan su vida todos los días para combatir una delincuencia que los supera en armamento y que conoce sus límites. Desprotegidos, mal dormidos y mal pagos, cumplen su deber como pueden.

Paula Barquet

A mi me encantaria ser policia", escribía Erika Dutra en los comentarios de una nota periodística que anunciaba vacantes en el Ministerio del Interior. "Mas que nada por que es un trabajo digno y ademas pertenesco a una familia donde son todos policias,tengo 21 años y tengo suficientes estudios ,lamentablemente me he presentado 2 veces y he perdido la prueba fisica", decía. "Yo no digo que este mal exigir, pero me parece que se deberia tomar mas en cuenta la formacion y valores y no tanto la parte fisica".

En el mismo foro, José Suárez alegaba: "yo tambien ise la prueba fisica i salbe pero hasta hora no me llamaron no entiendo porque en la tele dice que estan nesecitando de policia i para mi es un sueño ser policias pora contribuir con el orden de nuestro pais".

La nota contiene 75 comentarios, todos revelando las mismas ganas de pertenecer a la institución pública que aboga por la seguridad ciudadana, y todos con el mismo nivel ortográfico.

Unos 27.000 uruguayos son policías, de los cuales 23.000 se desempeñan como personal subalterno.
Son los que todos los días arriesgan su vida en la calle, muchas veces sin suficientes previsiones de seguridad, y otras tantas a merced de una delincuencia que crece en cantidad y calidad. Quizá, como los participantes de aquel foro, deseaban con todas sus fuerzas ser policías. Quizá no imaginaron a qué se exponían cuando firmaron el contrato.

BLANCO MÓVIL.
Nervioso pero seguro, Ariel Fernández va con una citación judicial a detener a un rapiñero. Cuenta con el respaldo de otro patrullero y lleva una escopeta cargada. En un cantegril de Pando, el requerido por la Justicia no espera visitas.

Entran los móviles policiales. Los vecinos empiezan a salir de todas las casas y a surgir en todas las esquinas. De pie, alrededor de los vehículos, miran como sin querer mirar. En el momento de la detención, con el individuo ya sujetado, la masa se abalanza sobre los efectivos policiales.

"No llegaron a tirarse encima porque hubo armas que los amedrentaron. Si uno arruga o no está preparado psicológicamente, puede terminar en desgracia", relata Fernández, agente de segunda que trabaja en la Policía de Canelones hace 10 años, y dirigente del sindicato policial canario.

Esa es la situación de mayor riesgo que le tocó a este policía de 34 años. Sabe que a veces no hay arma que alcance. En los asentamientos, a menudo callejones sin salida, los delincuentes se apoyan entre ellos. "Es bravo. Son fracciones de segundo en las que uno tiene que pensar qué es lo menos malo", explica.

Camisa, pantalón y boina azul, zapatos negros e insignia. El vestuario obligatorio del agente es un arma de doble filo porque representar la autoridad del Estado es un honor y a la vez un riesgo.

"El policía es un blanco móvil porque está uniformado, nítidamente definido. El delincuente no", reflexiona Ernesto Carreras, secretario general del Círculo Policial.

Cuando el uniforme no infunde el miedo o respeto deseado, el policía es carne de cañón.
Hay lugares que manejan valores y están muy mal custodiados; no cuentan con casetas blindadas, no se prevé un lugar para parapetarse. "El policía sólo está para figurar, para que lo vean", opina Fernández. Y ahí "está regalado".

"Si el delincuente ve una persona uniformada y entra, es porque está jugado. Entonces lo que va a hacer, con suerte, es reducir al policía, quitarle el arma. Pero muchas veces van y le pegan un tiro directamente", agrega.

Carreras y Juan Cipollini, presidente del Círculo Policial, sostienen que todas las situaciones son riesgosas para un subalterno. Insisten: todas. "Fijate que vas a hacer una confirmación de domicilio y te pegan un tiro en el pecho", señala Cipollini en alusión a Mario Morena, el agente que murió en el operativo del caso Feldman el 31 de octubre. Morena y otros dos policías de Inteligencia fueron sin chaleco antibalas ni armamento adecuado a tocar la puerta del contador. Tres oficiales fueron relevados de sus cargos por la responsabilidad del caso.

El chaleco antibalas que usa la Policía en Uruguay sale más de 8.000 pesos, pesa cuatro kilos, viene en tamaño estándar y no hay forma de disimularlo porque se coloca por arriba de la camisa. Quita movilidad y es incómodo por demás. Lo desgasta la humedad y la transpiración. Con temperaturas altas hay personas que no lo resisten y llegan a desmayarse.

Los años de experiencia permiten a Cipollini afirmar que las jefaturas recambian los chalecos cada 12 años aproximadamente, por más que las fábricas advierten que caducan a los tres años de uso. No sería de extrañar que Morena haya preferido no pedir chaleco por temor a una represalia.

"Se supone que los entregan y si no se reclama, pero un mando medio se puede enojar por tener que molestar a sus superiores. El traslado es una forma encubierta de sancionar", explica Fernández. Pedir chalecos antibalas en la jerga policial es "estar complicando".

Imprevistos suceden todos los días. Algunos más justificados o entendibles que el que se llevó la vida de Morena. Los consultados para este informe coincidieron en poner de ejemplo una situación cotidiana, como es una citación de un juzgado de Familia. Temas de divorcio o sucesión han terminado varias veces en policías heridos. Cuentan que en casos de violencia doméstica, la pareja que se estaba agarrando de los pelos sorpresivamente se une en contra del agente. "La gente personaliza en la Policía la culpa de todo", considera Cipollini.

De todas formas, los agentes ordinarios, que portan un armamento básico (revólver y vara), deberían llamar a los grupos especializados y entrenados para el choque si en el transcurso de la investigación surgen indicios de mayor riesgo. Deberían. En realidad, reconocen en el Círculo Policial, eso muchas veces no sucede.

El fiscal de Policía Héctor Di Giácomo está a cargo de Asuntos Internos, división creada para detectar la corrupción en la Policía.
Qué Pasa consultó a Di Giácomo para conocer si se ha evaluado, en términos generales, qué tan acertados han sido los procedimientos policiales recientes. El fiscal afirmó que no existe tal investigación.

La de Di Giácomo fue la única respuesta que este suplemento obtuvo del Ministerio del Interior. Los responsables de la comunicación explicaron que ningún integrante de esa cartera podía dar declaraciones porque un equipo del departamento Salud Ocupacional, de Sanidad Policial, justo estaba preparando un informe sobre los riesgos a los que se expone la Policía y no era correcto aportar datos hasta que lo terminaran. Dijeron que estará pronto en breve pero que "en la administración pública nunca se sabe".

La "sensación térmica", como calificaba la ex ministra Daisy Tourné al aumento de la inseguridad, también repercutió en las precauciones de los efectivos. Jorge Molina, integrante de la Federación Nacional de Sindicatos Policiales (Fenasip), explicó que "los compañeros se cuidan más entre ellos" y tratan de ir con varios patrulleros. Los delincuentes menores de edad representan otro problema en aumento según Molina, quien asegura que hoy "la minoridad conoce a la perfección los límites de la Policía".

La Ley de Procedimiento Policial indica que se puede usar la fuerza o recurrir a armas de fuego cuando "se ejerza contra el personal policial o terceras personas violencia por la vía de los hechos o amenazas por persona armada, poniéndose en peligro su integridad física". A pesar de esta ley, un forcejeo puede terminar con un policía preso.

Más sencillo es el procesamiento por faltas administrativas, según lo que establece la Ley Orgánica Policial. Aunque el lineamiento de este gobierno hacia los mandos fue de no aplicar el reglamento a rajatabla, aún es habitual que se den situaciones "anticonstitucionales", según entienden los dirigentes sindicales.

"¿Cómo es posible que a un funcionario público, por más policía que sea, se lo sancione administrativamente por una falta (cuando existe) con privación de libertad?", cuestiona Fernández. "Es vetusto, pasado de moda, arbitrario y autoritario", opina.

Estar parado en forma indecorosa en un 222 (por ejemplo, recostado sobre la pared), andar sin boina o con la camisa manchada, constituyen algunas infracciones. El criterio es discrecional y no dogmático: depende del superior del que se trate. Además, el dirigente sindical denuncia que la reclusión en las comisarías -donde también se alojan presos- muchas veces es "insalubre".

"He estado sancionado en lugares donde no se puede dormir por los ruidos de gente que entra y sale constantemente, dormitorios con pulgas, sin luz, ventanas rotas. Todo eso lesiona nuestra dignidad como personas y como trabajadores".

Pero además, Fernández entiende que son "protocolos inútiles" que sólo buscan "preservar la imagen de la institución", y no en un buen sentido. "Hemos visto jerarcas muy preocupados porque el policía esté con la boina, la camisa nueva y limpia, y no se preocupan por las condiciones en las que debe cumplir su trabajo".

La crítica se extiende al tiempo de formación policial. Hoy son seis meses (antes fueron menos) en los que, según Fernández, en lo que más se hace hincapié es en la instrucción militar. "Formarse en `sí señor`", dice. "Aprendés que los superiores siempre tienen razón, y a no reclamar nada".

En las escuelas departamentales de policías no exigen estudios secundarios. No se enseña un mínimo de Derecho, apenas aprenden a disparar un arma y no se los instruye en primeros auxilios, cuando habitualmente son los que llegan antes al lugar de los hechos. Todo policía de a pie, en algún momento de su carrera, debe atender un parto sin saber cómo. Los oficiales, en cambio, estudian cuatro años y obtienen un título terciario.

POR LA PATRIA.
El uniforme policial debería correr por cuenta del Ministerio del Interior. Sin embargo, en Uruguay existen al menos cinco locales comerciales de indumentaria y equipamiento habilitados por esa cartera. Para concretar la venta basta mostrar el carné policial.

Un vendedor explicó que los agentes reponen la ropa con su dinero cuando el desgaste o rotura sucede por "un descuido". 
Igual, parece difícil distinguir esas situaciones cuando el policía, como se dice, está "al servicio de la patria" las 24 horas.

Durante este período hubo recambio de armas pero todavía hay muchos policías que no disponen pistolas automáticas. En Canelones, dice Fernández, el 30% trabaja con armas calibre 38 y las mejores -las 9 milímetros- están en manos de los superiores que no salen de sus oficinas. "Uno ve en la prensa que los delincuentes usan revólveres 9 milímetros. Sin duda la delncuencia está mejor armada que nosotros", agrega.

A la Fenasip no le consta que las unidades ejecutoras tengan chalecos suficientes para cada subalterno. Saben que en Canelones pidieron 350 a fines de 2008 y se entregaron recién en abril.

El chaleco es el implemento básico de seguridad pero no es infalible. Los policías que custodian las cárceles deberían usar unos especiales que Molina llama "anticortes". Los agentes que tienen que pasar desapercibidos, como los de Inteligencia o los que controlan el narcotráfico, realizarían mejor su función con chalecos finos como los que se ven en el cine.

Faltan linternas, pilas, lapiceras. Faltan radiobases para las unidades. Faltan handies para los policías. En plena persecución, si los efectivos se separan deben estar pendientes de quién tiene la radio, tanto para cumplir el objetivo como para avisar de un compañero herido o muerto.

Los vehículos policiales son autos comunes pintados de blanco. Llevan el escudo de la Policía y se les coloca una sirena arriba. A Fernández, que se confiesa idealista, le gustaría que fueran más duros y tuvieran motores más potentes. En el interior es común que escasee el combustible, las sirenas no funcionen y los policías tengan que "andar inventando bocinazos para abrirse paso".

Aunque no se pudo corroborar en el ministerio qué gasto supone el equipamiento policial, parecería que las carencias se deben a escasez presupuestal. En la última rendición de cuentas la cartera obtuvo 20 millones de dólares y la mitad fue para el sistema carcelario.

El gobierno de Tabaré Vázquez incrementó el salario policial un 42%. Según el ministro Jorge Bruni, es el mayor aumento que se haya conocido. Si bien los policías reconocen el cambio, también entienden que sigue siendo bajísimo porque se realizó sobre el sueldo base (hoy en unos 8.000 pesos) y no sobre el total, que incluye los conceptos "alimentación y equipo" (poco más de 1.000) y "riesgo de vida" (casi 2.000).


"Los números son fantásticos, pero la realidad es otra. Te das cuenta cuando agarrás el carrito y vas al supermercado. No aumentó tanto como para levantar la sumersión del policía", asegura Carreras.

Por eso el 222 sigue siendo la salvación. "No me gusta", confiesa Fernández, pero lo hace igual. "Más o menos el 70% de los policías de Canelones trabajan de 222. Significa que no duermen o que se quedan dormidos en las guardias".

En Montevideo, como en casi todo el país, las guardias policiales son de ocho horas, pero en Canelones se extienden a 12. Allá, el policía promedio trabaja 12 horas en la guardia y 12 en el 222. Son 24 horas de corrido, y a veces toca jornada doble: 36 horas sin descanso. Ese policía no tiene dónde bañarse y casi no ve a su familia.

Según el último censo policial, hay 2.500 policías viviendo en asentamientos y 6.000 cobrando el 30% de su sueldo por estar endeudados, a menudo con el fin de edificar una casa. En 2007 los sindicatos decían que el 90% estaba bajo la línea de pobreza y un 10% de esa porcentaje era indigente.

"La Policía debe profesionalizarse, pero de verdad. Tenemos que estar mejor pagos y trabajar menos horas. Cuando eso pase, que la población nos exija a rajatabla", reflexiona Fernández. "Y que nos exija ahora también, pero que tenga en cuenta que trabajamos en condiciones inhumanas".
Los policías de jehová y las armas

En medio de las diversas especulaciones que ha generado el caso Feldman, un medio de prensa nacional publicó que uno de los agentes de Inteligencia que en primera instancia se acercaron a la finca -procedimiento por el que murió Mario Morena- no llevaba armas porque pertenecía a la colectividad religiosa Testigos de Jehová. Desde la organización, Leonardo, que pertenece a la sociedad La torre del vigía, explicó que el pasaje en Romanos, capítulo tres, dice claramente que Dios coloca a las autoridades para mantener el orden, y por eso es lógico que éstas porten armas. "Defendemos la postura de la paz, pero jamás un fiel va a decir que su religión le impide andar armado", dijo. Leonardo, que prefirió no dar su apellido, aclaró que recomiendan que el ciudadano común no se arme.
Amenazas, agresiones, heridas y muertes

El ministro Jorge Bruni opinó en una conferencia de prensa que el nombre de un policía caído en el cumplimiento de sus obligaciones debería estar al lado de figuras ilustres como Mario Benedetti o Idea Vilariño. Por ahora figuran, con suerte, sólo en los medios de prensa. Fuentes policiales aseguraron que la Jefatura de Montevideo no lleva un registro de cuántos efectivos murieron en lo que va del año, y en el Ministerio del Interior no brindaron esa información.
De todas formas, la sensación de los propios efectivos es que la cantidad fue menor al año pasado. Bruni agregó que homenajear a los caídos es dignificar a la Policía.

Muy a menudo los policías denuncian amenazas, patrulleros y casas apedreados, atentados a las familias, patotas que los rodean y los agreden con botellas o "cortes". En el interior es más común que en Montevideo.
En junio el Poder Ejecutivo dispuso mayores medidas de seguridad para policías que combaten el narcotráfico. Esta semana El País publicó que en Paysandú una patota atacó un destacamento y amenazó con violar a la única policía (mujer) presente. En Malvín Norte, también en estos días, dos policías femeninas que patrullaban el barrio fueron agredidas con golpes de puño y patadas.

FUENTE: El País Digital

lunes, 9 de noviembre de 2009

Sobre el Policía, el SER HUMANO...creación de DIOS!

Muchas son las noticias que ultimamente nos han motivado a estar atentos a un hecho preocupante, o debería decir una serie de hechos concadenados que han causado estado público.
Lo cierto es que murió un Policía de 32 años, padre de familia y pienso que es buen momento para que los políticos, jerarcas policiales, técnicos y demás formadores de opinión pongan énfasis en la reflexión que todos los uruguayos nos debemos hacer ante un héroe caído en cumplimiento del deber (ya que el tema está en la agenda política a días de elegir nuevo Presidente para nuestro País).
El Policía es un SER HUMANO y como tal deber ser tratado con DIGNIDAD y para ello debe desempeñar su labor en las mínimas condiciones para cumplir con su labor sin tener que arriesgar su vida en forma tan "regalada" (expresión uruguaya de alguien que corre demasiado riesgo).
Momento de reflexión nos debemos tomar todos los uruguayos para decidir que calidad de policía queremos tener y hasta que punto debemos poner al tanto a nuestros dirigentes políticos sobre la necesidad de una seguridad que nos permita conservar (cuando no recuperar) CALIDAD DE VIDA.
Mis más sinceros respetos a la familia del extinto Agte.2da. Mario Morena de 32 años de edad que ingresó a la fuerza hace poco más de dos años, padre de una niña de 4 años y un bebé de 7 meses, CAIDO EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER.
Por si no lo saben el cambio legal que se impulsara en éstos últimos 5 años ha beneficiado las "garantías civiles" que en una suerte de juego de palabras y conceptos interpretados en forma sesgada han quitado herramientas legales a la Policía a la hora de realizar detenciones e investigaciones de hechos delictivos, lo que aumentó la violencia con la que se cometen los delitos en la vía pública (llegando a registarse recientemente un acuchillamiento de una policía femenina que salvó su vida gracias al chaleco antibalas -que no todos los Policías tienen- ella simplemente estaba en la parada de un colectivo cuendo fue sorprendida por un individuo masculino que la violentó provocándole la herida a traición).
CUANDO HABLAMOS DE DERECHOS HUMANOS también debemos considerar el de la SEGURIDAD que merece la ciudadanía por parte del ESTADO...
Por último quiero dejar una reflexión para que no se tome el tema con subjetividad...veamos que dice el mensaje:

sábado, 26 de septiembre de 2009

EL ACOSO EN EL TRABAJO


Leymann (1996) define este fenómeno como “una comunicación hostil y sin ética, que es dirigida de modo sistemático por uno (o varios) individuos contra otro, que debido a esta situación le coloca en una posición de indefensión y desvalimiento, y es activamente mantenido en ella. Este hecho suele ocurrir de una forma muy frecuente (al menos una vez a la semana) y durante un cierto tiempo (al menos seis meses de duración)”. A lo largo de una serie de fases el acoso laboral iría incrementándose, finalizando cuando la víctima abandona la empresa o comienza a manifestar sintomatología psicológica o psiquiátrica, algo que suele acabar en largos periodos de baja por enfermedad. ¿Cuáles serían esas fases por las que atraviesa el trabajador o trabajadora acosado/a?
En la primera fase (conflicto), se producen conflictos laborales que no se resuelven y se transforman en crónicos.
La segunda fase (estigmatización) se caracteriza por comportamientos agresivos con la manifestación de ataques psicológicos que ponen en marcha una dinámica de acoso. No es una disputa personal de carácter puntual, sino que la fase de mobbing propiamente dicha comienza con la adopción, por una de las partes del conflicto, de las distintas modalidades de comportamiento acosador (limitación de la comunicación, del contacto social, desprestigio ante los compañeros, desacreditación del prestigio profesional y logros, comprometer su salud).
La tercera fase (intervención desde la organización) se produce cuando, dada la magnitud del problema, se adopta una serie de medidas dirigidas a paliar y resolver los acontecimientos.
La cuarta y última fase (exclusión) se caracteriza porque el trabajador compatibiliza su trabajo con largas temporadas de baja por causas psicológicas, pudiendo llegar finalmente a abandonar la organización.
También interesa conocer cuáles son los síntomas clínicos del mobbing. Para ello, seguiremos la clasificación que hace González de Rivera (2003).
En la fase de autoafirmación la persona experimenta inquietud, ansiedad, agresividad moderada y puede que alteraciones del sueño.
Cuando se desplaza a la fase de desconcierto, el sujeto duda sobre su propia versión de los hechos, experimenta menor autoconfianza y empeoran los síntomas de la primera fase.
En la tercera fase, la de depresión, el sujeto pierde eficacia, autoestima y motivación. Se autoculpa de la situación y se inicia el aislamiento y la evitación.
La cuarta fase es la traumática, caracterizándose por un mayor estrés y ansiedad, pensamientos obsesivos recurrentes y conflictos familiares.
La última fase se denomina de estabilización crónica: incremento de las bajas laborales, focalización del pensamiento, temor al lugar en donde se desarrolló el acoso, sensación de “estar ido” (dificultades en la memoria y la concentración).
En los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado no es infrecuente encontrar este tipo de acoso.
En mi experiencia personal me he encontrado más casos en aquellos cuerpos más militarizados y jerarquizados. Tras muchas bajas psicológicas nos encontramos situaciones de acoso que la víctima tiene que afrontar retirándose para evitar daños psicológicos mayores.

FUENTE: Psicología Policial

miércoles, 8 de julio de 2009

Veinte bomberos cobran salarios sin trabajar

Martes 07.07.2009, 00:02 hs l Montevideo, Uruguay

Algunos están con parte de enfermos desde hace 15 años

Veinte bomberos no concurren a trabajar por no estar aptos para el servicio tras quedar afectadas sus mentes por recibir quemaduras o protagonizar siniestros ocurridos hace años.

"Algunos de ellos cobran sus salarios desde hace 15 años. Otros hace dos años. Exigimos que se los jubile o se les otorgue una pensión", dijo a El País el vocero del sindicato de Bomberos, Garrison López.

Según el gremialista, una junta médica del Hospital Policial ya se expidió sobre la salud mental de esos bomberos. Sin embargo, agregó, estos "continúan con parte de enfermo".

El representante del sindicato de Bomberos dijo que la gremial denunció al Departamento de Asuntos Internos del Ministerio del Interior el atraso en la repartición de Maldonado en el pago del servicio 273 que cumplen en discotecas, empresas públicas y locales comerciales. "Allí demoran cuatro meses en pagar a los bomberos. Pero los servicios los cobran al contado. ¿Qué hacen con el dinero durante todo tiempo?", se preguntó.

Afirmó que dentro de 10 días habrá una asamblea de choferes, quienes se quejan de la carga horaria en Bomberos. Además, estos funcionarios reclaman un beneficio por conducir el vehículo similar a al que percibe la Policía.

Este gobierno, agregó, habilitó el ingreso de 400 bomberos. "Estos trabajan 24 horas y libran otras 24. Por ser un empleo insalubre, por lo menos debían descansar dos días por cada día trabajado", explicó Garrison López.

Fuentes de la Dirección de Bomberos explicaron que una circular del Ministerio del Interior les impide hacer declaraciones sobre temas sindicales.

FUENTE: El País Digital

viernes, 1 de mayo de 2009

El estrés de guiar un parto o una persecución por teléfono

Contrariamente a lo que se pueda pensar, el funcionario del 911 vive su trabajo con un gran estrés.
La responsabilidad a veces de dirigir un operativo en el que hay vidas en riesgo, o de guiar un parto por teléfono, o la asistencia a los padres de un bebé que tiene obstruidas las vías respiratorias, son momentos de extrema presión en los cuales el policía del 911 debe transmitir tranquilidad.

Un buen ejemplo de todos estos funcionarios es Cristian Bianchi, un policía que hace cinco vive su profesión a través de un teléfono desde el cuarto piso de Jefatura, donde está la central. De todas formas tiene la ventaja de haber estado en los dos lados del "mostrador" porque también revistó en Radio Patrulla, lo que le da experiencia en saber bien cuáles son los datos que necesita quien está trabajando en la calle.
Una vez lo llamó un padre desesperado porque su bebé se le había puesto morado y no podía respirar. Hacía poco que Bianchi había terminado el curso de primeros auxilios y no imaginaba qué tan rápido iba a poner a prueba lo que había aprendido. Le hizo poner el niño en las piernas boca abajo y lo guió para que le hiciera expulsar lo que había ingerido. El trámite puso en vilo a todo el departamento y fue un éxito. Hace poco organizó una persecución a un taxi donde huían dos rapiñeros. "Iba mirando el mapa y adivinando por dónde podrían tomar mientras organizaba a los patrulleros para que lo fueran cercando. Por suerte se pudieron capturar", cuenta Bianchi con orgullo. A su lado está la entrenadora de estos funcionarios, la sargento primero Alicia Jorge, que está en Claves y Comunicaciones mucho antes de que existiera el 911.
"Hacemos entrevistas con una psicóloga. Deben ser funcionarios jóvenes con facilidad de palabra y gran capacidad para tratar con personas en estado de shock", explicó Jorge.

FUENTE: http://www.chasque.net/vecinet/noti882.htm#4

jueves, 29 de enero de 2009

Guatemala: Elaboran un Manual de Autocuidado para los socorristas y profesionales que atienden las emergencias

Ayuda para quienes ayudan a las víctimas de desastres Tres oficinas elaboran un Manual de Autocuidado para los socorristas y profesionales que atienden las emergencias en medio de desastres.
Los desastres naturales dejan una secuela de dolor inmediata, pero a la postre dejan un efecto conocido como “el segundo desastre”, que es el trauma provocado en los profesionales que atienden a las víctimas. A este caso se añaden el de los sicólogos y médicos que llegaron hasta las comunidades más remotas y que fueron azotadas por las fuertes lluvias de octubre de 2006.
Varios necesitaron atención psicológica para superar el impacto que la crisis dejó en sus vidas. “Se ve mucho su desgaste emocional al enfrentar desastres naturales como este”, asegura Sharon Díaz, directora del Programa de Prevención y Erradicación de la Violencia Intrafamiliar (Propevi) .
Un estudio sobre comportamiento hecho por el Centro Nacional de Desórdenes de estrés postrauma descubrió que uno de cada tres socorristas de los equipos de atención llegan a presentar síntomas de estrés tales como disociación, ansiedad, depresión marcada, aumento de la activación y disminución de la capacidad de respuesta. Estas secuelas son historia contada desde hace 30 años, y se siguieron relatando tras 36 años de conflicto armado.
“Nadie toma en cuenta el segundo desastre, que son los traumas que tienen las víctimas y quienes atendieron a las víctimas. Conozco a gente que sobrevivió al terremoto de 1976 y todavía entra en pánico cuando pasa un cisterna y el suelo empieza a temblar por el peso”, cuenta Marco Antonio Garavito, de la Liga de Higiene Mental.
La Liga solo cuenta con estadísticas de casos que datan del terremoto de 1976 y de socorristas, misioneros y voluntarios que trabajaron durante la guerra con las víctimas y desplazados. Manual de Autocuidado La SOSEP, Propevi y la UNFPA elaboraron un Manual de Autocuidado con Énfasis en Equidad de Género, el cual provee las herramientas que les ayudan a superar el trauma postraumático que pudiera dejar en ellos enfrentarse a las condiciones infrahumanas en que encuentran a las víctimas de los desastres y de la violencia intrafamiliar.
El texto relata que los equipos que atienden a los sobrevivientes de desastres detectan altos índices de violencia basada en género y violencia sexual en los hogares damnificados. Esto les provoca altos índices de estrés, los cuales, de no ser tratados a tiempo, pueden desembocar en crisis emocionales o en un síndrome de desgaste profesional.

Sobre el proyecto Policía Sin Fronteras - Uruguay

Proyecto particular y personal con fin meramente INFORMATIVO.
Ajeno a cualquier institución oficial, hecho por voluntarios en sus comienzos, no vinculándose bajo ningún concepto con instituto/ asociación armado uruguayo ó extranjero.
Sub Comisario (R) Milton Ballesteros